El Hombre en Busca de Sentido: RESUMEN del Libro

Actualizado: sep 4

El hombre en busca de sentido es un libro escrito por Viktor E. Frakl, un neurólogo y psiquiatra que sobrevivió a los campos de concentración nazi.



Frankl, en un principio quería publicar el libro en el anonimato impregnando solamente su código de prisionero en la portada creyendo que no tendría éxito. Pero se equivocaba.


De este libro donde relata su historia, se han vendido millones de copias por todo el mundo siendo traducido a 24 idiomas siendo de inspiración a muchas personas.



Primera Fase: Internamiento en el Campo


En esta primera fase, Viktor Frankl relata como fue el internamiento de las personas en el campo de concentración. Mil quinientas personas fueron trasportadas en un tren durante varios días.


Los vagones estaban tan repletos de gente que solo quedaba despejada la parte superior de las ventanillas, por donde entraba la claridad gris del amanecer.


Todos cre√≠an que los llevaban a una f√°brica de munici√≥n como empleados para trabajos forzados. Hasta que llegaron realmente a ‚ÄúAuschwitz‚ÄĚ. ese nombre evocaba las mayores atrocidades: c√°maras de gas, hornos crematorios, el exterminio‚Ķ




Al abrir las puertas del vag√≥n fueron recibidos relativamente bien por otros reclusos con trajes a rayas, cabezas rapadas y parec√≠an bien alimentados. Lo que hacia que mantuvieran la esperanza de ser liberados en alg√ļn momento.


Metieron a unas mil quinientas personas en un barrac√≥n para un m√°ximo de doscientas, a la espera de trasladarlos a campos m√°s peque√Īos.


Hambrientos, tiritando de frío, no disponían de espacio ni para estar en cuclillas, y menos para tumbarse.


En cuatro d√≠as, el √ļnico alimento que ingirieron fue un trozo de pan de unos 150 gramos.


Posteriormente se hizo una primera selección donde enviaban a unos prisioneros a la izquierda y otros a la derecha. El 90% de las personas fueron enviaron a la izquierda que más se dieron cuenta que ese grupo iba directamente al crematorio.


Después llegó el momento de la desinfección, donde les quitaron todas sus pertenencias, Viktor Frankl perdió su manuscrito donde tenía muchas de las investigaciones de su vida. Les afeitaron todo el cuerpo y les dieron una pastilla de jabón.


Despu√©s de eso lo √ļnico que mantuvieron fue su existencia desnuda. No ten√≠an ning√ļn enlace material con su vida anterior.


Algunas de las primeras reaccionen posteriores fueron un cierto humor, ya no tenían nada qué perder y hasta bromeaban. Aunque la otra reacción que tuvieron fue de curiosidad del qué sucedería posteriormente.



Había una amenaza de muerte donde en cualquier momento alguno de los reclusos decidiría irse hacia la cerca eléctrica y lanzarse para suicidarse.


Un colega de Frankl le dijo que mantuviera siempre una apariencia joven y fuerte porque los que no, eran candidatos perfectos para ser llevados a las c√°maras de gas.


En la primera fase del shock, el prisionero de Auschwitz no temía la muerte. Pasados los primeros días, incluso las cámaras de gas perdían para él todo su horror; al fin y al cabo, le ahorraban el acto de suicidarse.





Segunda Fase: Conceptos B√°sicos de Logoterapia


Viktor Frankl, describe en el segundo cap√≠tulo como los prisioneros pasan de un ‚Äúshock‚ÄĚ, a una habituaci√≥n, que se convierte en ‚Äúuna especie de muerte emocional‚ÄĚ, y la apat√≠a (que se pod√≠a tomar como autodefensa).


Ahí es donde aparecía la nostalgia extrema, al comparar los niveles tan deprimentes de calidad de vida que podían tener en ese momento.


Ya los momentos en donde ciertos detalles se pod√≠an ver como aberraciones, ya se volv√≠an ‚Äúparte del paisaje‚ÄĚ. En otras palabras: todos los esfuerzos se reduc√≠an a lograr sobrevivir.


Ciertas necesidades normales que el ser humano necesita satisfacer se veían literalmente truncadas, como era la parte sexual; ya casi no tenía importancia.


Los sentimientos, ya habían desaparecido por la monotonía diaria.


El sue√Īo, era de las cosas que se le tomaba gran importancia, pues este era el √ļnico que pod√≠a aislarlos de la cruda realidad.


Los golpes y maltratos físicos se esperaban por el mínimo detalle o sin motivo alguno.


Por ejemplo, el no simpatizarle a un kapo (presos que gozaban de ciertos privilegios y hacían funciones de vigilar), significaba tener, además de una serie de insultos que venían ya incluidos, trabajo extra y golpes de más.


Sin embargo, no todos eran despiadados, pod√≠an incluso tener cierta afinidad con los dem√°s presos, como le sucedi√≥ a Viktor Frankl, y eso hac√≠a que pudieran tener ciertas ‚Äúventajas‚ÄĚ.


Una de esas ventajas para Frankl fue el poder estar muy adelante en la fila para la hora de la comida, lo cual permitía poder tener los guisantes del fondo.


Con esto √ļltimo se puede decir que el hambre era un aspecto importante, pues todos sufr√≠an de desnutrici√≥n.


Lo interesante era observar c√≥mo pese a ello hablaban sobre banquetes y comidas como las que pod√≠an tener antes, al menos, algo m√°s que una sopa aguada y un pedazo peque√Īo de pan.


Era entonces cuando los temas que trascienden a la realidad se les buscan dar importancia, y se intentaba por cualquier manera encontrar sentido a la vida.


A pesar de las √≥rdenes rutinarias y del desgano de todos, ellos se aferraron al amor; Viktor Frankl se concentr√≥ en el recuerdo de su esposa, a√ļn sin saber de ella, si estuviera viva o muerta, su esencia permanec√≠a con √©l:

‚ÄúEl amor trasciende la persona f√≠sica del ser amado y encuentra su sentido m√°s profundo en el ser espiritual del otro, en su yo √≠ntimo‚ÄĚ.

Viktor Frankl también comenta sobre el buen humor, el cual es un arte, pues borra, aunque sea por un momento todo lo malo, y sobre todo, se convierte en un arma para la supervivencia.



Aun si la causa de la risa o la gracia tuviera un origen algo inusual y a veces macabro.


Con todo esto, se puede afirmar varias cosas: Lo que antes era normal, ahora lo envidiaban de presos; personas que el mundo ‚Äúnormal‚ÄĚ no desear√≠a estar en esa posici√≥n.